Desde hacía unos tres años yo frecuentaba por lo menos tres veces por
semana el Cabaret Scandal, luego llamado Scaila, hoy desaparecido,
ubicado en la calle Viamonte casi esquina Florida en la Capital
Federal de Argentina, aprovechando que nos habían aumentado las
remuneraciones en la UCA. Ese año de 1995, la policía abusó al máximo
con el asunto de la ya desaparecida averiguación de antencedentes. Un
buchón cafisho habitante en una pensión que estaba enfrente del
cabaret le pasó el dato a la policía de mis frecuentes visitas al
Cabaret. Parecía que se ilusionaban con agarrar, con su estropeado
olfato, un pez gordo y no a un pobre docente intachable que resulté
ser. Así que un día laborable, a las ocho de la noche, se aparecieron
raudamente con una fila de patrulleros de la brigada para hacer una
redadada en ese comercio. Parecía que venían a hacer averiguación de
antecedentes a todos los presentes pero al único al que se llevaron
fue a mi que tenía papeles de sobra para identificar mis actividades
y a mi persona. Me llevaron a la Comisaría Primera de la Capital
Federal donde me hicieron tocar el pianito y me metieron en el
calabozo con todos los habituales contraventores hasta que
pudiesen averiguar mis antecedentes. Pasé dentro del calabozo desde
la 9 de la noche hasta las seis de la mañana. Dormi ahí sobre una
manta que me prestó otro de los sopre. Como la poli no pudo encontrar
nada sobre mi se ve que se cagaron todos y me largaron en seguida,
mandando para realizar esa ingrata tarea a un pobre escribiente
novato que no sabía que decirme y se deshacía en reverencias. Eso si,
días después me enteré que me había agarrado la ladilla. Maté los
bichos con dosis masivas de alcohol medicinal. Mucha roña en el
calabozo de esa comisaría, o más bien, en toda la policìa.
Claudio Acuña
claudioacuna@...
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Desde hacía unos tres años yo frecuentaba por lo menos tres veces por
semana el Cabaret Scandal, luego llamado Scaila, hoy desaparecido, de
la calle Viamonte casi esquina Florida en la Capital Federal de
Argentina, aprovechando que nos habían aumentado las remuneraciones
en la UCA. Ese año de 1995, la policía abusó al máximo con el asunto
de la ya desaparecida averiguación de antencedentes. Un buchón
cafisho de una pensión que estaba enfrente del cabaret le pasó el
dato a la policía de mis frecuentes visitas al Cabaret. Parecía que
querían agarrar, con su estropeado olfato, un pez gordo y no a un
pobre docente intachable que resulté ser. Así que un día laborable, a
las ocho de la noche, se aparecieron raudamente con una fila de
patrulleros de la brigada para hacer una redadada en ese comercio.
Parecía que venían a hacer averiguación de antecedentes a todos los
presentes pero al único que se llevaron fue a mi que tenía papeles de
sobra para identificar mis actividades. Me llevaron a la Comisaría
Primera de la Capital Federal donde me hicieron tocar el pianito y me
metieron en el calabozo con todos los contraventores hasta que
pudiesen averiguar mis antecedentes. Pasé dentro del calabozo desde
la 9 de la noche a las seis de la mañana. Dormi ahí sobre una manta
que me prestó otro de los sopre. Como la poli no pudo encontrar nada
sobre mi se ve que se cagaron todos y me largaron en seguida mandando
para realizar esa ingrata tarea a un pobre escribiente novato que no
sabía que decirme y se deshacía en reverencias. Eso si, días después
me enteré que me había agarrado la ladilla. Maté los bichos con dosis
masivas de alcohol medicinal. Mucha roña en el calabozo de esa
comisaría, o màs bien, en toda la policìa.
Claudio Acuña
claudioacuna@...