Intrigado por lo que sucedía en Internet pensé en trabar comunicación
con Jorge Lanata, que dirigìa la Revista en ese entonces, y su gente
para ver que sabían del asunto. Eso traté de hacerlo antes y después
de la apariciòn de DATA54. Utilizando sólo correo electrónico la
comunicación fue casi nula así que intenté utilizar el teléfono para
lograr el contacto. En principio yo solicitaba nada más que una
entrevista telefónica con cualquiera que estuviese dispuesto a hablar
sobre el tema. Lo único que logré encontrar fueron evasivas,
desconciertos, tartamudeos, ignorancia y hasta gritos de terror.
Finalmente una recepcionista de la Revista Veintitrés me invitó a
concurrir personalmente para conseguir un contacto cara a cara con
algún profesional de la comunicación que estuviese en las
adyacencias. La empleada me dijo que en cualquier momento del día se
podía encontrar una abundante cantidad de profesionales que de seguro
iban a poder resolver mis dudas. Yo no pretendía que fuesen ni Lanata
ni Tenembaun ni Zloto. A mi me venía bien cualquiera de los que
trabajaba en ese lugar por más aprendices que fuesen los que me
fuesen a atender. Al llegar al lugar encontré gente joven entrando y
saliendo, algunos de ellos correteándose unos a otros, lo que me dio
una idea de informalidad en el ambiente laboral en ese sitio. Nada
tan serio como para que alguna regla les impidiese hablar cómodamente
conmigo acerca de los temas que me interesaban. Esta reflexión me
alentó al pensar que podía lograr una entrevista distendida con
cualquiera de los que trabajaban ahí. Una vez que me presenté ante la
recepcionista se pasó a llamar a Dolores Bosch que figuraba como la
secretaria de Tenembaun y Zloto, mientras que me hacían sentar en la
antesala. Después de unos instantes esta Dolores Bosch salió de su
oficina con rostro desencajado pasándose a sentar rápidamente donde
estaba yo diciéndome al mismo tiempo que nadie en ese lugar me podía
atender. Lo único que ella podía hacer por mì era darme una direcciòn
de Fax o de correo electrónico para que pudiera comunicar lo que
quería decir. Como le repliqué que con esos medios electrónicos no
había conseguido respuesta alguna lo que yo quería era una entrevista
personal, aunque más no fuese con el que servía el café, ella
incrementó su estado de desesperación mientras insistía en que no se
me podía atender. Ya que inesperadamente sentí como que había pateado
un hormiguero me retiré sin hacer ningún escándalo aunque ganas no me
faltaron. Qué extraño poder es el que
amenaza a esa gente?????.
Claudio Acuña
claudioacuna@...