Luis Alberto Orlando fue un parapsicólogo que floreció a principios
de la década de 1990. Atraía a sus desesperados clientes con un
impactante aviso
clasificado, que publicaba
en el diario Claría, prometiendo una solución en 48 horas. " Decídase
ya, recupere todo lo perdido ". Yo me preguntaba acerca de la red que
protegería al anunciante si había incumplimiento a lo prometido. El
amanerado muchacho, no le gustó para nada que yo lo pensase
homosexual, resultó ser un muy buen tarotista y clarividente. Esos
poderes llevaron al pobre tipo a creer que tenía diálogo con
Jesucristo y subsecuente sentimientos de omnipotencia. Todo
comunicado con una muy buena onda.
Las 48
horas de la promesa eran las que terminaban correspondiendo a un
curso intensivo de control mental que el mentalista daba, durante un
fin de
semana en su casa, a un conjunto de unos diez alumnos que habían
pagado 500 dólares por cabeza. Este curso era un plagio del mismo de
Control
Mental patentado por norteamericano José Silva que era ofrecido, por
ese entonces, en el Centro Moubayed de la ciudad de Buenos Aires.
Debíamos suponer que después de esas
mentadas 48 horas, el alumno iba a encarrilar su vida hacia una
próspera sanidad. En una fatídica tarde, uno de sus clientes no
pareció satisfecho con la no realización de sus expectativas. Ante el
reclamo, el
ensoberbecido clarividente trató de humillar y amedrentat a su
maléfico interlocutor, enchándole en
cara sus vergonzosos secretos, aquellos que el cliente debe creer son
los que impiden la sanación de
su vida. Este malvado personaje, en vez de huir avergonzando ante la
exposición de sus miserias, como
habitualmente lo hacían los que no lograban el éxito esperado pero
esbozaban algún tipo de protesta, ni lerdo ni perezoso, montó en
cólera y amenazó seriamente de muerte al santo varón y siervo de
Dios. Las muy creibles amenazas, contra él y su familia,
se repitieron a lo largo de las semanas si el iluminado por el señor
osaba continuar ejerciendo su divina profesión. Ese
fue el triste final de la aventura mental de Luis Alberto Orlando.
Señor, Señor, Por qué me has abandonado????
Claudio Acuña
claudioacuna@...
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