En una época pensé que podía encontrar ayuda o cooperación de algún
profesional o Institución a fin practicar los ejercicios de
asertividad con los que tanto ansiaba experimentar. A esa altura
todavía no sabía que me iba a quedar con las ganas dado que esas
prácticas no son posibles en la civilización actual. En la mayoría de
esos lugares logré informar a mis interlocutores de mi propósito en
la entrevista inicial, aunque no lo logré en otros, por lo
avasallantes que en sus ofertas solían ser unos cuantos de ellos.
Estos últimos me hacían sentir como faltándoles el respeto con mis
tonterías si planteaba mi proyecto, por lo que los dejaba hacer sin
chistar mientras compraba su producto. Una vez contratado los
servicios terapéuticos que me vendían, dado mi falta de asertividad y
lo patológicamente manipulativo de los profesionales a cargo del
tratamiento que debía recibir, podía ser que yo terminara haciendo,
por indicación de esta gente, cosas que no hubiese imaginado iba a
hacer, dado mi objetivo inicial de practicar la asertividad para,
justamente, ser más asertivo. He aquí unos ejemplos:
1) En la Asociación Argentina de Comunicación y Cultura, misión de la
Iglesia de Scienciología, terminé pintando las paredes de la
Institución los días previos a mi expulsión como Staff de la misma.
2) Con Víctor Montaña, terapetua psicodramático, un un momento dado,
estaba yo acostado con los ojos cerrados y boca arriba, recibiendo
instrucciones hipnóticas para me pusiese en un inalcanzable trance
3) Con el doctor Leopoldo Regirozzi, terapeuta guestáltico, llegué a
estar sentado frente a él, ambos con los ojos cerrados y en silencio,
intercambiando sensaciones táctiles y olfativas con el profesional a
pesar del asco que esa situación provocaba en mí.
Claudio Acuña
claudioacuna@...