Un día cualquira de terapia, sin plan alguno, como la
mayoría de las veces, a Kertesz se le dio por preguntar a los
miembros del grupo cuales eran sus fuentes de caricias. Parece que
todos sabían algo que decir menos yo. Yo no tenía idea a que nivel se
consideraba que alguno de esos estímulos podían ser considerados como
tales tipos de fuentes. Jorge II, médico a cargo de un asilo de
ancianos,
dijo que las caricias las recibía de éstos vijitosy de sus
agradecidos parientes. Yo, que
soy sexualmente mal pensado, ya imaginaba al tipo cogiendo de noche
con los viejos a los que antendía. El abogado Mauricio dijo que las
caricias las obtenía de sus clientes. Yo pensé que este Mauricio
cogía con éstos o éstas. El Esquizofrénico Juan dijo que el tomaba
caricias cuando se encontraba con sus hermanos. Ya me lo imaginaba
a Juan garchando con sus parientes o siendo culeado por éstos. Cuando
me tocó el turno a mi, yo podía haber dicho, en el mismo estilo que
mis predecesores, que las caricias que obtenía provenían de mis
alumnos, ya que yo era profesor y éstos demostraban tener gran
afición por mi. Como a mi este tipo de caricias no eran todo lo
sexuales que yo suponían debía recibir y no deseaba que los otros
pensasen que yo cogía con mis alumnas, sobre todo, las gatas, dije
muy humilde y avergonzadamente, que no tenía fuente de caricias.
Eso llevó a Kertesz a montar toda una situación dramáticamente
hipócrita alrededor de mi persona, diciendo delante de todo el mundo
que no sabía como podía sobrevivir yo sin ningún tipo de caricias.
Él, en mi caso no podría hacerlo. Para rematarla, aprovechó que a mi
lado estaban el sumiso Juan, por un lado, y Carmen Aprile, una
veterana virgen devota de Kertesz, por el otro, a los que le dio la
orden, sin pedirle permiso a
nadie, ni a mi, pera que me tomaran de cada mano a fin de consolarme
en mi triste situación, sintiendo yo un profundo asco y enojo
reprimido por toda la parodia, pero como es habitual en mi, sin
demostrarlo por más furia que me diera. Sólo me limité a mostrar una
estúpida sonrisa. Después de ese amargo y ridículo instante, se pasó
a otra cosa mientras trataba de desembarazarme en una pequeña
lucha de las manos de esos mutantes que me habían asido y no querían
soltarme.
Claudio Acuña
claudioacuna@...