|
Ayer eras mi hijo, mi gran alegría.
Juntos corríamos y reíamos por tantas ocurrencias que armabas del
detalle mas simple.
Preferías estar conmigo que con tus compañeritos y tu emoción te
hacía mover tus manos como queriendo emprender el vuelo y alcanzarme
para darme un beso.
Ayer, yo era tu padre, tu gran amigo y guía. Eras motivo de mi
orgullo y no desaprovechaba la oportunidad de presumir tu foto antes
mi amigos. Te soñaba cuando crecieras como un gran hombre, el
mejor profesionista, el centro de atención.
Pero hoy todo es diferente....
Hoy me he enterado que tienes autismo y las cosas ya no pueden ser
iguales porque haz cambiado.
Todo eso que adoraba en tí se ha convertido en conductas
estereotipadas que te caracterizan. Dejaste de ser mi hijo y eres
ahora el autista.
Yo también he cambiado, pues he dejado de ser tu padre para
convertirme en tu guardián protector. Lo que antes fueron
esperanzas hoy son mi calvario. Evito salir contigo a la calle y
cambio la plática cuando mis amigos hablan de sus hijos.
¿Qué fué lo que produjo ese cambio en nosotros dos?
Obviamente, tu sigues siendo igual, tú no has cambiado.
He permitido que una etiqueta te aleje de mí y en tu silencio
desaprovecho la oportunidad de vivir intensamente mi paternidad.
No, hijo... tu estás bien, pues tus ojos aún brillan al mirarme.
Mis ojos fueron los que ahora te miran diferente, tan solo porque
neciamente pretendí hacer de tí aquello que mi egoísmo guiaba.
Pero al igual que pude decidir llorar, también puedo decidir reir.
Ese momento en que recibí la noticia de tu condición marcó una pauta
en nuestras vidas, pero hoy puedo revertir eso y tratar de recuperar
ese tiempo valioso que hemos perdido.
La diferencia no está en la etiqueta, está en mi mente y sobre ella,
mis sentimientos gobiernan y puedo cambiar mis apreciaciones. Hoy
te prometo que seré feliz contigo y todo será igual que antes.
¡Juega, gira, aletea, grita, revolotea... y que la gente te vea!
¡Porque tú eres mi hijo... y hoy he decidido volver a ser tu padre!
|